Cravan, poeta y boxeador
“Cravan, poeta y boxeador” se inspira en la vida de Arthur Cravan (precursor del dadaísmo) para darle vida a Arturo Cravan, un chico de Villa Paranacito que se muda con su tío a la ciudad para poder dedicarse a escribir poesía. Arturo descubre el boxeo y tiene la valentía de elegir sus propias desgracias.
¿Qué hace a un poeta? ¿Qué hace a un boxeador? ¿Cómo ser recordado cuando las gradas están vacías y la hoja en blanco? Agarrar el cuaderno, ponerse los guantes. Un gancho izquierdo, un verso. Dos cortitos al mentón y la inspiración llega. Caer por knock out, besar la lona. Sentir los golpes, sentir la poesía. Abrazar la derrota, pero sin rendirse nunca. Porque rendirse es de cobardes. Y Cravan no es ningún cobarde. Es el protagonista que no fue, un homenaje a todos los que nunca llegaron.
“Cravan, poeta y boxeador” adapta la historia de un poeta y boxeador francés, sobrino de Oscar Wilde (al que le tenía mucho aprecio) y precursor del movimiento dadaísta. Con Rimbaud de ejemplo poético, Arthur Cravan deambula por el mundo de principios del siglo XIX, hasta que desaparece en el mar entre México a Argentina. Al igual que el francés, nuestro Arturo también viaja, aunque nunca sale del país. Viaja de su pueblo natal a la casa de su tío, en Buenos Aires, para tener una vida bohemia que lo ayude a escribir. En la ciudad de la furia descubre el boxeo y entiende, siendo más inocente y menos culto que su tocayo francés, que la poesía se construye golpe a golpe.
Los fracasos y las frustraciones son cicatrices, el recuerdo de haber sido lo suficientemente valiente para elegir las propias desgracias. Su tía Coca le dice que ese es un motivo suficiente como para sentirse orgulloso. “Si duele, sirve” le dice la tía. Pero ella no está. Es su tío quien lo acompaña en este camino de fracasos en una buenos Aires marginal de final de siglo. Es su tío quien decide contar la historia como su sobrino merece y llenarlo de la gloria que siempre le fue esquiva. Total, cada uno cuenta su propia historia como quiere. Cada quien carga con su propia vida como puede. La inocencia de Cravan lo lleva a volar alto, sin que le importe realmente tocar el sol con las manos y, sobre todo, sin que le de miedo la caída.
Cravan, como tantos otros, fracasa. O siente que fracasa. Y, aún así, puede sentirse orgulloso de haber tomado las riendas de su propia vida.
Por Lautaro Marrero Gauna- @lautaro.naufragoliteral
FICHA TÉCNICO ARTÍSTICA
Dramaturgia: Darío Pianelli
Actúan: Sanchu Albert, Lorena Ascheri, Matias Russin, Nicolás Vivante
Poesía: Nicolás Vivante
Músicos: Juan Cruz Rodríguez
Escenografía: Vladimir Klink
Diseño de luces: Federico Leyenda
Realización de escenografia: Vladimir Klink
Música original: Juan Cruz Rodríguez
Música: Juan Cruz Rodríguez
Diseño gráfico: Juan Francisco Reato
Asistencia de dirección: Leilén Araudo
Dirección: Darío Pianelli